El piso, de baldosas rojas y arabescos, recordaba un interior de entrañas. Las paredes intestinales descascaradas por los jugos gástricos conducían al interior del antro deborador. Dejé mi bicicleta en la puerta iluminada, cansada de tanto pedalear perdida, y repleto de miedo me avalancé por el umbral de mi vida...
El piso, de baldosas rojas y arabescos, recordaba un interior de entrañas. Las paredes intestinales descascaradas por los jugos gástricos conducían al interior del antro deborador. Dejé mi bicicleta en la puerta iluminada, cansada de tanto pedalear perdida, y repleto de miedo me avalancé por el umbral de mi vida...
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